jueves, 27 de octubre de 2016

CONTRA GIL DE BIEDMA

Jaime Gil de Biedma


De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, 
dejar atrás un sótano más negro 
que mi reputación -y ya es decir-, 
poner visillos blancos 
y tomar criada, 
renunciar a la vida de bohemio, 
si vienes luego tú, pelmazo, 
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, 
zángano de colmena, inútil, cacaseno, 
con tus manos lavadas, 
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares 
últimos de la noche, los chulos, las floristas, 
las calles muertas de la madrugada 
y los ascensores de luz amarilla 
cuando llegas, borracho, 
y te paras a verte en el espejo 
la cara destruida, 
con ojos todavía violentos 
que no quieres cerrar. Y si te increpo, 
te ríes, me recuerdas el pasado 
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia. 
Que tu estilo casual y que tu desenfado 
resultan truculentos 
cuando se tienen más de treinta años, 
y que tu encantadora 
sonrisa de muchacho soñoliento 
-seguro de gustar- es un resto penoso, 
un intento patético. 
Mientras que tú me miras con tus ojos 
de verdadero huérfano, y me lloras 
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta! 
Y si yo no supiese, hace ya tiempo, 
que tú eres fuerte cuando yo soy débil 
y que eres débil cuando me enfurezco… 
De tus regresos guardo una impresión confusa 
de pánico, de pena y descontento, 
y la desesperanza 
y la impaciencia y el resentimiento 
de volver a sufrir, otra vez más, 
la humillación imperdonable 
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama, 
como quien va al infierno 
para dormir contigo. 
Muriendo a cada paso de impotencia, 
tropezando con muebles 
a tientas, cruzaremos el piso 
torpemente abrazados, vacilando 
de alcohol y de sollozos reprimidos. 
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, 
y la más innoble 
que es amarse a sí mismo!

Contra Jaime Gil de Biedma, Jaime Gil de Biedma

domingo, 18 de septiembre de 2016

CARAVAGGIO REDIVIVO

 Ishtar, Roberto Ferri
  Anima Mundi, Roberto Ferri
 Tomba lacrimata, Roberto Ferri
Reptilarium, Roberto Ferri
 Liberaci dal male, Roberto Ferri

 Salomé, Roberto Ferri
 Crepuscolo del mattino, Roberto Ferri
 Sigillum, Roberto Ferri
 Ericto, Roberto Ferri
 Prigione di lacrime, Roberto Ferri
 Angelo velato, Roberto Ferri
 Liberaci dal male, Roberto Ferri
Requiem, Roberto Ferri
 Vanitas, Roberto Ferri
 Pietas, Roberto Ferri
Il canto della Vergine, Roberto Ferri

miércoles, 31 de agosto de 2016

BYE BYE, FACEBOOK

Auto de fe en la plaza Mayor de Madrid, Francisco Rizi


Pues sí: cierro mi cuenta de Facebook. Lo cierto es que estoy cansado de que censuren y bloqueen una vez tras otra publicaciones que no son otra cosa que cuadros, fascinantes obras de arte firmadas por maestros de todas las épocas y expuestas (curiosamente para todos los publicos, señor Zuckerberg) en museos de todo el mundo.

Me parece indignante el papanatismo y la ignorancia de estos señores de Facebook.

Hasta nunca, censores del siglo XXI.

martes, 7 de junio de 2016

OTRO JUNIO

Model resting, Henri de Toulouse-Lautrec


Cuando eres junio y yo jueves. Cuando somos aún a pesar de la metafísica. Cuando me esperas en el callejón del Gato o en la casa de los Tiros, donde el (corazón) manda.

martes, 10 de mayo de 2016

GALDÓS SIEMPRE

Benito Pérez Galdós


Benito Pérez Galdós. Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920.

miércoles, 23 de marzo de 2016

MIDDLESEX




He sido varón más de la mitad de mi vida, con lo que ya todo lo hago con la mayor naturalidad. Cuando Calíope emerge a la superficie, es como un defecto del habla adquirido en la infancia. De pronto ahí está otra vez, dándose un tironcito del pelo o mirándose las uñas. Es un poco como estar poseído. Callie surge en mi interior llevando mi piel como un vestido amplio. Mete las manitas en las anchas mangas de mis brazos. Introduce los pies de chimpancé por los pantalones de mis piernas. Por la acera noto que sus andares de niña toman el relevo, y el movimiento me devuelve una especie de emoción , una simpatía desolada y efusiva por las niñas que veo volver a casa del colegio. Eso continúa durante unos cuantos pasos. El pelo de Calíope me hace cosquillas en la nuca. Noto la vacilante presión de su mano en el pecho —aquel viejo hábito nervioso suyo—, para ver si hay alguna novedad por ese lado. El enfermizo fluido de la desesperación adolescente que corre por sus venas inunda las mías una vez más. Pero entonces, tan bruscamente como ha aparecido, desaparece, encogiéndose y fundiéndose en mi interior, y cuando me vuelvo a mirar en un escaparate esto es lo que veo: un hombre de cuarenta y un años de pelo ondulado, más bien largo, fino bigote y perilla. Una especie de mosquetero moderno.

Middlesex, Jeffrey Eugenides